
- Oh madre, no, no, no- grito el niño
Ella se volvio a mirarle con unos ojos rebosantes de inmenso amor. Tomó el rostro del niño entre sus manos e infundio su dulce aliento en sus pulmones una, dos, tres veces. Despues, llevandolo bajo el brazo como si fuera un valioso fardo, se zambullo en el mar y se hundió cada vez mas en el. La mujer foca y su hijo respiraban sin ninguna dificultad bajo el agua.
Ambos siguieron nadando cada vez mas hondo hasta entrar en la ensenada submarina de las focas, en la que toda suerte de criaturas comian, cantaban, bailaban y hablaban. La gran foca macho plateada que habia llamado a Ooruk desde el mar nocturno lo abrazo y lo llamo "nieto".
_ ¿Cómo te fue alli arriba, hija mia?-pregunto la gran foca plateada.
La mujer foca aparto la mirada y contesto:
- Hice daño a un ser humano, a un hombre que lo dio todo para tenerme. Pero no puedo regresar junto a el, pues me convertiria en prisionera si lo hiciera.
- ¿Y el niño?-pregunto la vieja foca- ¿Y mi nieto?- continuo la vieja foca macho
Lo dijo con tanto orgullo que hasta le temblo la voz.
- Tiene que regresar, padre. No puede quedarse aqui. Aun no ha llegado el momento de que este aqui con nosotros.
Y se echo a llorar. Y juntos lloraron los dos.
Transcurrieron unos cuantos dias y noches, siete para ser mas exactos, durante los cuales el cabello y los ojos de la mujer foca recuperaron el brillo. Adquirió un precioso color oscuro, recobro la vista y las redondeces del cuerpo y pudo nadar sin ninguna dificultad. Pero llego el dia del regreso del niño a la tierra. Aquella noche el viejo abuelo foca y la hermosa madre del niño, nadaron flanqueando al niño. Regresaron subiendo cada vez mas alto hasta llegar al mundo de arriba. Alli depositaron suavemente a Ooruk en la pedregosa orilla bajo la luz de la luna.
Su madre le aseguró:
- Yo estoy siempre contigo. Te bastará con tocar lo que yo haya tocado, mis palillos de encender el fuego, mi ulu, cuchillo, mis nutrias y mis focas labradas en piedra para que yo infunda en tus pulmones un aliento que te permita cantar tus canciones.
La vieja foca macho y su hija besaron varias veces al niño. Al final se apartaron de el y se adentraron nadando en el mar. Tras mirar por ultima vez al niño, desaparecieron bajo las aguas. Y Ooruk se quedó porque todavia no habia llegado su hora.
Con el paso del tiempo el niño se convirtió en un gran cantor e inventor de cuentos que, ademas, tocaba muy bien el tambor y decia la gente que todo se debia a que de pequeño habia sobrevivido a la experiencia de ser transportado al mar por los grandes espiritus de las focas.
Ahora, en medio de las grises brumas matinales, se le puede ver algunas veces con su kayak amarrado, arrodillado en cierta roca del mar, hablando al parecer con cierta foca que a menudo se acerca a la orilla. Aunque muchos han intentado cazarla, han fracasado una y otra vez. La llaman Tanqigcaq, la resplandeciente, la sagrada, y dicen que, a pesar de ser una foca, sus ojos son capaces de reproducir las miradas humanas, aquellas sabias, salvajes y amorosas miradas.
- Extraido del libro "Mujeres que corren con lobos" Clarissa Pinkola

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